viernes, 10 de febrero de 2017

UN SUEÑO EN BLANCO








Estaba loca, definitivamente. De remate. Una tragedia terrible, verla así. Dejaron la residencia entre sollozos, quejas y reclamaciones, a  paso de zombis colocados.
Ella los vio montar en los coches desde la ventana, divertida. Las compañeras de la bata blanca le trajeron un vasito con un comprimido que se tomo sin rechistar. Después se sentó en su sillón favorito, y le echó un vistazo a ese libro lleno de fotos que le habían traído...en las que no reconocía a nadie.
Aquellos altos, lustrosos y asépticos jóvenes decían que eran sus sobrinos y sus nietos. Ella les sonreía, siguiéndoles la corriente.... hasta que ya no podía aguantar más, y les espetaba alguna de sus demoledoras sentencias. 
¿Sería posible que aquellas criaturas frágiles, quejosas, edulcoradas, fueran sangre de su sangre? No. No lo era.
Era peor soportar a los que decían ser sus hijos...por dios! Por el dios en el que jamás había creído, en realidad. No se podía ni rezar por ellos. Eran la viva imagen de la mediocridad, en su soberbia. Ellos le decían que no se pusiera tan agresiva, sollozando lamentos pueriles. Argumentando no sé qué cosas de la familia y la salud. De vez en cuando se hacían los contentos y le relataban auténticas majaderías sobre la vida, la actualidad, y anécdotas insulsas en las que ella estaba segura de no haber participado jamás, a pesar de lo que le dijeran. Indudablemente, eran idiotas. Y no podía sentir pena, aunque se esforzara.
"La familia", decían, y se les llenaba la boca...La única familia que ahora mismo poseía era a ella misma, y aquellas brujas de la bata blanca que, al fin y al cabo, eran sagaces y simpáticas.
Se puso una de sus chaquetas más suaves y se fue a dar su paseo diario por aquellos extraordinarios jardines, acompañada de Beatriz, su bruja de bata blanca favorita. El aire era magnífico, olía a jazmines y a menta. Y los rayos de luz entre las copas frondosas de los árboles la relajaron.
 Sí tenía a veces, sin embargo,  una ligera sensación de haber estado alguna vez en otra parte, de haber formado parte de otra cosa,  de otras vidas. Una sensación que no llegaba a ser recuerdo, y que la desagradaba profundamente.

-¿De verdad no recuerda a ninguno, señora?...¿ninguna cara...nada? Le preguntó con cautela y respeto su delgada y sutil acompañante...
-Caras?....Jajajjajajaja, el estruendo de la carcajada era tan vital que parecía imposible comprender cómo las neuronas de aquella anciana hubieran mutado así.
-Bueno, pues sí, recuerdo una en realidad; sólo una...Sus ojos se volvieron más verdes y brillantes que las hojas de la albahaca recién regada de los bordes del  camino. -La veo siempre en un sueño en blanco...y es la imagen, muy  viva, de la felicidad-