jueves, 21 de junio de 2018

LIVE IN PARIS, 1974









"La vida es muy asquerosa. Desapacible, desagradable, injusta. Sobre todo es injusta"
Eso le acababa de decir a Elena una paisana de mediana edad y aspecto casualmente impoluto mientras aparcaba en doble fila  su dieciséis válvulas azul con su nena rubia de coletas perfectas en la sillita de bebé de atrás. "Para hacer un recado", dijo. Y se despidió con dos besos impolutos también, insistiendo en quedar para un café, un día de estos. Un tiempo atrás la hubiese sorprendido que su antigua amiga pensara así.
Hoy, algo había cambiado.

Le dio una patada a una lata vacía de coca-cola ahora que nadie miraba. Las farolas se encendieron al mismo tiempo que los grises se tragaban los colores insidiosos del día . La ciudad mutaba al anochecer. El monstruoso gusano lustroso y vociferón iniciaba su metamorfosis todos los ocasos, afortunadamente. Y una esbelta mujer alada emergía en su lugar, lánguidamente sentada en un altar de luz añil, poniéndose unas medias negras muy despacio. Después, echaba a volar.

"El que algo quiere, algo le cuesta". Le había susurrado su jefa esta mañana, a la vez que la daba el finiquito desde abajo y desde esas  manos de dedos gordos  con las uñas perfectamente pintadas.
Esas palabras habrían resonado en la cabeza de Elena durante días largos y noches cortas un tiempo atrás.
Hoy, le importaban lo mismo que los papeles que revoloteaban sobre el suelo al compás del viento sucio y caliente que se había levantado.

Avanzó ligera y doblo la esquina. El negro ya era el rey. La luna la reina. Y la calle que la llevaría a su casa estaba hermosamente desierta, deshabitada, incierta, desconcertada, oscura, desnuda, mojada, virgen, resbaladiza, ingenua, exiliada, errante, abandonada.
El mismo gato negro debajo del mismo coche despintado la vio pasar; se miran. Elena sonríe, tanto, que se asusta. Las llaves entran a la primera, casi a ciegas. La puerta se quiebra. Da la luz. Huele bien. A hogar;a limpio, a fresas, a sábanas planchadas, a naranja, ligeramente a humo...Lo primero que hace es coger una salchicha de la nevera y tirársela al gato. Después se queda un rato fumando en la ventana.

"Todo lo que no te mata, te hace fuerte"...le había recitado su mejor amigo hacía unas horas, tan tiernamente convencido. ..
-Y una mierda-, pensó Elena. Un tiempo atrás lo creía. Hoy, sólo clavó los ojos en las hierbas cubiertas de polvo que crecían entre los bordes de la acera. Una y otra vez, crecían; una y otra vez, las cortaban. Y volvían a crecer.

Le vio llegar. Corrió dentro y se perfumó con su favorito. Sirvió en el mejor vaso de cristal de Bohemia el  Whisky más caro que tenían. Ella no había tenido su mejor día. Él tampoco. Seguro. Pero eso les hubiera importado antes. Hoy, los ojos de los dos brillaron más que nunca al encontrarse, nada más quebrarse de nuevo la puerta.




P.D. El tema de Lou Reed que me inspiró un poco...-un poco sólo- este relato es, en realidad, su Dirty Boulevard; y en buena calidad de sonido; pero yo, hoy, quería poner ésta ;)
Besos 







Al Pirri :D