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| Noviembre 2017 |
Silencio.
Entonces empiezo a escuchar todo lo que tapó el ruido de los colores de la primavera, el ruido de las verbenas de verano, el ruido de las fastuosas navidades del invierno.
Despacio.
Aunque digan que sí porque queda bien, al otoño no le espera nadie. Llega despacio, se pide algo on the rocks, y espera. Tiene la paciencia dura y enquistada. Imposible agotársela ya más.
Destemplado.
Es extraño, como los hongos. No se sabe si viene o va. Si está caliente o frío. A él no le importa, se ha adaptado a los extremos, se nutre del cambio.
Profundo.
Como el mar, insondable, inaccesible. Cuando llegas a él se está volviendo a ir. Siempre que se va, sonríe de lado.
Humilde.
Los colores explotan, nacen de él, al mismo tiempo que la muerte se los arrebata. Debe ser así. Todo en el acostumbrado silencio espiral. Y siempre invita al que desee quedarse un rato.
Mínimo.
Menos es más. Contemplar, oler, escuchar, tocar...los matices del otoño mínimo, es avanzar a la belleza.
Silencio.
Si la última vez puse a James Taylor, hoy me apetecía escuchar el tema más conocido a nivel popular de la que fue su mujer unos cuantos años. Si ella nunca aclaró, de verdad de la buena, a quien se lo dedicó, yo tampoco mencionaré a quien se lo dedico yo. ..
El otoño, más bondadoso, si aclara que se lo dedica a sus otros tres, complementarios y vanidosos, compañeros de viaje.
Besos
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