Decir por decir, hacer por hacer, volver a repetir lo mismo de una manera mucho peor. Cómo tiene que ser mi coma y mi argumento. No. No me lo digas, no quiero saberlo, no importa saberlo, no quiero oírlo, no importa oírlo ni dejar de hacerlo. No. No uses un no en nombre de un sí, no puede prostituirse un no, o sí, porque dónde dice sí es no y dónde dice no es sí, por lo visto, o por lo visto no, o también. Cómo tiene que ser mi foto mal hecha, ni mi lluvia ni mi luna indiferente, descarada, desde ahí arriba pasa de mi igual que de ti, así que no, no me lo digas, ni me escribas ni me sigas ni me mires, y si me miras hazlo mejor, desde dónde puedas verme, que se puede ser así, como tú eres pero no, hasta para mirar: y no ver nada, que no estoy dónde piensas ni soy, ni existo, sólo estoy mal escribiendo, que es lo mismo que escribiendo mal, o ... no. Puede que no, que haya un matiz en decir lo mismo pero al revés, o que no lo haya, pero no importe. Y aún así lo busques, y lo vuelvas a perder, sin haberlo encontrado, buscas donde no es, está donde no te dije, te lo conté mal, porque lo hice todo mal, mi foto, mi culpa, mis espacios, mi relato. Mi lluvia otra vez, que ni siquiera es mía, mi noche y mi ventana. Todo mal y todo nada, puse mal mi canción también.


