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jueves, 23 de diciembre de 2021

Magnitudes Fundamentales








He ido dejando caer mis fotos más queridas con cierto desprecio sobre la mesa. La banda sonora es la que más me ha apetecido, que no es la mejor ni la más adecuada a un momento tan solemne.

Pues que, al final, no eran las fotos ni la música. Y me he enfadado, pero lo justo.  En esto de aprender a medir hay algo muy gracioso, y es que nada es correcto desde el principio, desde ese sitio equivocado en que te pones a calcular, tan seria, cuánto de aquí, o cuánto de allá, comparándolo con algo que acabas de inventarte en el mejor de los casos, o con algo que se habían inventado otros en un caso mucho menos bueno.

Que les den, pues, a los momentos solemnes. Recogeré las fotos y cuidadosamente las volveré a colocar cada una en su sitio, cada una en su año, cada una en su pliego. Que es donde deben quedar, siempre que se pueda, para acordarme de que no son las fotos, ni la música, ni siquiera la memoria, sino aquella decisión (o ésta) de haberlo vivido. 


Felices fiestas, se os quiere :))











domingo, 28 de noviembre de 2021

ENLACE QUÍMICO

 




No puedo dejar de mirarte. Me acerco, tú no te vas. El viento no se atreve a tocarnos. No puedo dejar de pensar que clase de átomos coinciden para congelar todo este tiempo- que no estuve- en los cristales de esas crines infinitas resbalando por ti. No sé que clase de fuerza tira de mí hacia ti, de ti hacia mí, hasta dejarnos a la distancia exacta. Nos concede esta isla, ahora. 

El resto, ardiendo, sangrando, pudriéndose, queda fuera. No; lo expulsa. Todo es nada excepto el frío. O el hielo. O los ojos clavados en la nieve, tus patas escarbándola, ella dejándose escarbar. Los labios encontrando. O yo.

Aún el viento embiste pero no nos toca, ni yo dejo de mirarte.






miércoles, 22 de enero de 2020

EL LOBO TRANQUILO



Hoy no hay que hacer ninguna gestión. Ningún papel en la carpeta, ninguna carpeta. Caminas por la ciudad tranquilamente, como a ti te gusta y, aunque no te guste la ciudad, no lo parece. Tus botas camperas negras y puntiagudas llaman la atención. Tú llamas la atención. De haber sabido que haría este calor, no habrías puesto la chaqueta. Te la quitas y te la echas al hombro. La gente parece que va helada, y no entiendes porqué. 
 Para ti es tan natural que te miren desde abajo que no te das cuenta de lo injusta que les parece a los demás la vida cuando lo hacen. Los demás: esos que pululan alrededor tuyo como moscas desorientadas, buscando panales de miel en invierno. Para ti no existe el concepto "los demás", te lo impongo yo mientras te hago caminar despacio, parándote en los escaparates de cacharros, de móviles, de llaves y martillos, de cosas para los coches, de camisetas enanas y demasiado cortas.
Caes bien. Te gusta hablar, aunque eres tímido; y perder el tiempo creyendo que lo ganas. Te gusta el día de descanso y la gente, a veces, también. Casi siempre, mejor dicho. Te gusta casi todo porque no tiene porqué ser de otra manera.
No como a mi, que te sigo y te dibujo al mismo tiempo. Que no me gusta casi nada porque no sé cómo es la otra manera.
Te paro ahora un momento a saludar a una chica que conoces. Es guapa, es simpática. Charláis un rato y le cuentas un anécdota que a ella le importa un pimiento, aunque se ríe y te escucha, y te escucha y se vuelve a reír.
Todos esos demás saben muchas cosas de ti, pero ninguna. Porque esa ninguna no te la han preguntado nunca. Bueno, una vez sí; te la pregunté yo. Y te quedaste, y yo no me fui.
Tu paseo continúa porque no tiene porqué ser de otra manera, y me metes prisa: cruzas la calle en rojo porque no pasan coches, y no tienes porqué esperar. Y si tuvieras que esperar, lo harías. Porque tú, sabes esperar como nadie de todos esos demás sabe. Al fin te alcanzo y ya estás charlando otra vez, conoces a tanta gente como la que desconozco yo. Te pregunto: ¿quién era?...y me contestas, fulanito o menganita, pero no sabes más, no me respondes a todo lo que quiero saber y te hace gracia mi curiosidad. Yo, sin embargo, conozco casi todo de los pocos demás que conozco, pero no sé nada de ellos, y si alguna vez lo supe, quise volver al principio y desaprenderlo.
Decido que tomes un café en una terraza preciosa del centro, cerca ya del coche. Cuidadosamente posas la chaqueta en una silla y te sientas en la de al lado. Miras el móvil un momento y lo dejas  encima de la mesa, de salvapantallas tienes puesto un lobo tranquilo y solitario, quizás nostálgico de algo. Te pides dos cafés solos porque si te pides uno doble, te ponen doble de agua, no de café. Siempre pasa lo mismo con el café, y te hace gracia que no lo entiendan. Se lo explicas al camarero y él sonríe.
Decido tomarme un café a tu lado. Como siempre, no le pido dos azucarillos porque no entiendo que sólo pongan uno; se lo pido luego y a mi no me hace gracia, y al camarero tampoco; me enfada, y a ti te gracia que me enfade, y reímos juntos por cosas distintas que son la misma para ti y para mí, y ya no me da tiempo a decidir qué pasará luego. Además, no puedo. Porque el concepto de "luego" es como el de "los demás", para ti, no importa. Y no tiene porqué ser de otra manera.








martes, 26 de marzo de 2019

NOTA AL MARGEN







Igual debería dejar de escribir. De soltar unas cuantas letras, dejarlas caer y ver si flotan o se hunden, una detrás de otra, a veces algunas se cuelan en la cola y hay jaleo. 
 A lo que iba. Olvidarme de colocar palabras, con más menos soltura, o más o menos fluidez o gracia...
...O descolocarlas. Soltarlas de golpe, abrir la jaula de un mazazo y allá ellas. Que corran, que vuelen, que derrapen, que se escondan, se amen o se maten.
En lo que andamos. Parar ya de esbozar líneas y curvas que dibujan  pensamientos. De izquierda a derecha. De arriba abajo. Tratar de expresar y decir, o maldecir, gritar o deshacer. 
 El qué. Probablemente, nada. De lo que estamos hechos; de nadas. De muchos vacíos rellenados con paja y espuma de colores, mientras más bulto hagan, mejor.

 Quizá debería dejar de hacer fotos. Dejar de mirar, taparme los ojos y la boca y los oídos como uno de esos monos. Hacer como si no estuviera rodeada de un mundo. Soplar los colores y las comas con tanta fuerza que nunca volvieran. Escoger una isla o quedarme en la que estoy, y vallarla. Subir los muros y poner cerrojos, que nada salga y nada entre. Jamás.

Deberíamos dejar de ser lo que somos y empezar a ser lo que nos dicen, lo que nos manda el tiempo, la gente, los murmullos de los portales, las calles y las redes. Tendríamos que olvidar el mar, su azul, su olor y su sonido, por indignos, por imperfectos, por iletrados, simples y mortales. Por humanos. No volver a pisar nunca una montaña ni sentir el viento ni escuchar al mirlo  ni a los lobos. Zona restringida, sólo personal autorizado...

Claudicar. Darnos por vencidos. Comprender que no sirve de nada perseguir quimeras ni hacer castillos en el aire. Caminar unos con otros y asentir, en la misma dirección, sin retorno. Los mismos grises e idénticas palabras. No cantar, no soñar, no intentar. Tenían razón, es mejor así.

 Pero va y llega ella. La puta primavera. Básica. Espontánea. Con su blanco y su negro y los mil verdes que lleva en cada trenza. Mueve un dedo y ruge el viento, me ofrece la mano entre amapolas rojas, como sangre de millones derramada sobre campos inmensos que se extienden entre un arcoiris y el siguiente. Y me aturde, y me sacude.
 Y me trae de regalo tu recuerdo; porque no tiene sentido común, ni entiende de ironías, eufemismos, metáforas ni mentiras piadosas. 
Ni mentira alguna.
 El mismo recuerdo que todos los días y las noches, de todos estos años, siete ya, y todos aquellos y los demás, se pasea de mi mano sin atarla, liviano, sin parecer que está ahí. Que no se gasta, que brilla más cada vez, envuelto en la fragancia de las flores esas que hacían un mar verde y violeta bajo mis pies y tus patas.
Y me deja -me dejas-bien clarito que, yo, no siempre hago lo que debo. Que lo prometí. Y el corazón lleno de notas al margen.









viernes, 5 de enero de 2018

¿POR QUÉ?








¿Qué estará pensando?....

¿Se estará inclinando el eje de la tierra?
¿Avanzará esta maravillosa ermita hacia mi y tendré que salir corriendo con estos tacones?
¿Por qué mi hermana saca las fotos torcidas?
¿Me pido hoy pollo o pollo con patatas?
¿Por qué son verdes las hojas?....
¿Por qué es verde la clorofila?
¿Por qué es verde la envidia?
¿Y la endivia?

.....¿Por qué no se estira el tiempo, por qué no se queda unos cuantos días más la luna llena, por qué no me contestan las estrellas, por qué Humo es tan bonito.... por qué me hago tantas preguntas tontas, listas, locas y cuerdas?


Ojalá los Reyes Magos, que son los ....de Oriente, os traigan muchas preguntas en este nuevo pedacito de espacio-tiempo que contamos como un año. Y todos los que queden, y que sean un montón.
Un beso.

















miércoles, 27 de abril de 2016

DE AMOR








Escuché una vez a Antonio Gala decir algo así como que todas las desgracias ocurren por un defecto, o por un exceso de amor. Pienso a veces que el amor, tal y como lo entendemos, está sobrestimado. Aunque yo pienso demasiado, o al menos eso me dicen algunos. 
Pensar debe ser como amar, entonces. Buscando su medida adecuada, te pasas la vida haciéndolo muy poco, o demasiado. 
Hace poco, sin embargo, caí en la cuenta de algo que había aprendido de pequeña, pero se me había olvidado. O más que olvidado, escondido en alguno de esos desvanes de la memoria que quieres cerrar tan bien, que guardas la llave en un lugar que después no consigues encontrar. Pero la encontré, como siempre suele suceder, cuando no la buscaba.
Me acordé de que en ocasiones, se puede sentir, en vez de pensar. O, mejor dicho: que alguna parte esencial de nosotros no piensa jamás. 
Y dejé la puerta abierta. Y tiré la llave.







domingo, 14 de febrero de 2016

LA HIEDRA GRAVITACIONAL






Hace miles de millones de años un choque entre dos agujeros  negros provocó una perturbación en la gravedad que nosotros, mira tú por dónde, hemos detectado hace dos telediarios. Más o menos.
Ese más o menos viene a colación de que, según Einstein, y yo le creo a pies juntillas, la gravedad en realidad, no es una fuerza. Sino una deformación del espacio tiempo.
En realidad hemos detectado una perturbación tan pequeña, dicen, como la diezmilésima parte del diámetro de un átomo. Y eso, corrigiendo errores.
Y todo esto, además, teniendo en cuenta que nada viaja más rápido en el universo que la luz. 
Y que todo es relativo. 
Por tanto igual, ni si quiera viaja; la luz, quiero decir.
Y encima...hay más universos. Muchos más. 
Y, a veces, se encuentran.
Tela.

Por eso, mirando hoy aquí sentada mi hiedra casi helada, con las  motitas de cal de la pared aún, y el polvo que trae el viento sobre su haz acorazonado, me he puesto a pensar en las ondas que estarán ahora surcando el universo. Es fascinante.

 Después de una semana ajetreada, en algunos casos frustrante; después de ver otra vez los discursos de todos los días en las noticias, y aprovecho para decirles a los que dan las noticias que no estamos sordos, y si lo estamos sólo tenemos que subir el volumen; después de escuchar los mismos imperativos de los anuncios entre noticia y noticia, a los que les comunico idem (no estamos sordos) añadiendo que no somos gilipollas -con perdón-  aunque lo parezcamos, eso sí, y añadiendo también que no todos queremos ser felices todo el rato que también cansa, que no todos queremos molernos las rodillas corriendo, que no todos queremos bebés, o más bebés, que no todos los bebés son tan ricos y redondos como los suyos de la tele, que no todos queremos untarnos precisamente después de la ducha (ni durante) , que no todos somos tan feos como para necesitar tantos productos para no parecerlo, y que ni mucho menos, no todos os escuchamos ni os creemos...Después de todo esto, y mucho más que no me cabe este post por lo mismo que en el telediario o en un anuncio no cabe una frase dicha a velocidad normal de ser humano normal (homínido me gusta más, porque se puede decir homínida también, quizás...es que ser humana queda fatal y es retonto decirlo...Pues iba diciendo que, al final, mirando la hiedra, he comprendido el sentido y significado de esas ya famosas  ondas gravitacionales, que resulta que no es más que el siguiente:



"....Yo sé que estoy ligado a ti
más fuerte que la hiedra
porque tus ojos de mis sueños
no pueden separarse jamás.

Donde quiera que estés
mi voz escucharás
llamándote con ansiedad,
por la pena ya sin final
de sentirte en mi soledad.

Jamás la hiedra y la pared
podrían apretarse más,
igual tus ojos de mis ojos,
no pueden separarse jamás.

Donde quiera que estés
mi voz escucharás,
llamándote con mi canción;
más fuerte que el dolor
se aferra nuestro amor
como la hiedra"

(Los Panchos)








"La mejor base para un matrimonio feliz es la mutua incomprensión"  Oscar wilde

Feliz 14 de Febrero ;)