Dicen que Humo tiene mal genio.
Él marca. Siempre alerta, protege su territorio y sus recursos. Y su recurso, soy yo.
Dicen que tiene miedo. Y es cierto. De los ruídos de las motos, de sonidos extraños, de voces, de barullos.
Y además, dicen, que no es sociable. Con las personas, no. Porque es esquivo, no le gusta que le "entren", gruñe y se pone en guardia. Él desconoce el acto hipócrita del saludo; del nuestro. Prefiere alguien que le ignore, acercarse cauteloso y olerle. Como hace con los suyos, con los perros. Esos sí le gustan.
Dicen que no le meta "por ahí", que hay pinchos y espigas, y escobas y ramas. Y que le haga un circuito de "agility". Yo ya se lo hice, y le aburre. Lo hace, perfecto. Y ya. Con una vez vale. Dos no cuela.
Es hiperactivo, hipersensible...e hiperguapo, y eso es lo que "confunde".
No se dan cuenta, los que dicen, que Humo nació del frío. Que su mamá madrugaba en las noches en que él debería estar mamando, para ir a trabajar. Del alba hasta el crepúsculo. Que lo pusieron en una cama de paja ...de la que había, y tomaba la leche que sobraba.
No se dan cuenta, los que hablan, de que los ancestros de Humo son viajeros, nómadas, irrompibles. De que sus patas tienen "muelles" para saltar como un canguro. De que mordisquea las patas de la oveja que se sale. De que nació sabiendo, de que corre encima de los cardos y los aplasta, de que no se pincha y si lo hace, le da lo mismo.
No se dan cuenta, los que aconsejan, de que vive por y para su "amo". De que es un currante, listo más que el zorro más listo, mirando siempre a los ojos de ese al que sigue. Y sólo sigue a ese.
De que sus sueños los meció la luna llena y el aullido del lobo. Y que se acurrucará junto al calor de su compañero y líder al acabar la jornada. Y sí, jugará, y lamerá, y será todo amor. Sólo con él. Y no tanto.
Con los demás, es arisco, desconfiado, terco, territorial, desagradable, rudo, frío, distante.
Indiferente.
Conmigo es mi sombra, mi guardián, mi paz y mi tormento, el primero en los despertares y el último en la madrugada que me verá cerrar los ojos. Y se echará a la puerta. Para que nadie entre, ni salga. Para vigilar constantemente. Para guardar. Para avisar. Fiel, bravo, salvaje, austero, quieto, desafiante. Y fiel como la sangre a mis venas.
No se dan cuenta de que Humo es un Carea Leonés.
No se dan cuenta, mejor dicho, de que Humo es un Pastor.
Y, mi pastorcillo, huele a Romero.

