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martes, 18 de mayo de 2021

CONFESIÓN

 





Amé el viento y traicioné al viento. 

Amé al agua y traicioné el agua.

Y a las piedras que pusimos, los lirios que plantamos, las cumbres que subimos, el mar que navegamos.
Mi madre y mis hijos, tu guerra, mi hogar, mi tierra... Tú. De todos deserté.

Hoy también te engaña mi palabra
protegiendo lo único que salvé,
que fue
querer haber amado.






-





lunes, 26 de abril de 2021

ARRABALES, ARREBOLES









Bajas del último bus en la última hora que te queda antes de que el último arrebol enfrente desaparezca tras las ruinas de la vieja fábrica. El camino serpentea, resbala, otra vez hoy ha llovido. Sopla el viento, otra vez también. Ahí vienen los hijos de Ana con sus bicis y sus sonrisas de lado, en este mundo esquinado todo es o está de lado. Se te acercan los niños de siempre, los perros de siempre, las cucarachas y las ratas de siempre, saludas como siempre. De lado miras, por encima del hombro, al horizonte inclinado que ves todos los días. La respiración se alivia y se acompasa, es territorio conocido. 
Después de tantas horas, de tantos buses, de tantos metros, de tanta gente viva y muerta, parece que haya pasado mucho, muchísimo  más de un día. 
Aminoras el paso, parece que pienses en algo. Parece que pienses en mañana.
Parece que pienses que mañana y hoy van a ser muy parecidos, porque hoy siempre se parece mucho a ayer.
 Parece que pienses en que un día vas a dejar de pensar. A pasarte de largo tu casa, seguir hacia delante, mirar por encima del hombro el poblado, el barro, los restos de coches quemados y las filas infinitas de postes de la luz. 
Tu casa...
Y pasarte de largo tu tele con tu mismo programa favorito de ayer, y tu misma cena parecida a todas, ansiada con el mismo deseo gastado. Pasarte de largo las mismas ganas de llorar escondidas en el mismo rincón.
Todos tus rincones se parecen demasiado.
Atravesar los descampados como quien se ha atrevido a echar a andar por el desierto a lo bobo, sin mirar atrás, ni mirar de lado. O mirar sin ver, quedarte ciega viendo y no  parar hasta alcanzar aquel otro lugar del que te hablaron una vez, dónde nada se parece.




sábado, 31 de octubre de 2020

Agua sobre agua

 

.


Hace mucho tiempo no te veo. Ni te siento ni te huelo, ni te escucho. 

Recuerdo tu azul: abrazando todos los colores. Todo ese maldito tiempo, sea, que no tocas mi mano buscándote entre el viento y un horizonte oblicuo que, no sé si era sin querer o queriendo un poco, yo miraba de reojo. 

 Sí vino, sin embargo, la lluvia a verme. A buscarme sólo a mi. Estuvo cantando frente a mi ventana toda la tarde y toda la noche; inimitable y sencilla melodía, suave, decadente, acariciando las baldosas sucias y brillantes, acariciando las plantas, la noche, los bordes rotos de las ventanas. Esa que tratas de atrapar y eche raíz en la memoria.

 Y es tan difícil guardar bien los matices. Dónde una gota nace muere otra. Todas se abrazan abajo, en charcos plateados, en los ápices de la hierba aún fresca, viva.  Son dos mundos de agua que se encuentran, se hacen uno. Esa lluvia suave  viene a verme sólo una vez, solamente a mi, y ya no existe más.

Si pudiera volar y el viento soplara a mi favor, todos los otoños serían azules como tú; en todos llovería despacio; todos se acordarían; nunca estarían solos. 

Esa soledad que tanto amamos los que decimos que somos solitarios es mentira. La que es verdad muerde y desgarra, nunca recuerda y no tiene color, ni siquiera suena a nada.

 Si pudiera volar aún con el viento en mi contra, llegaría a ti, agotada como la golondrina de Wilde, yacería en tu orilla con mis alas cargadas de pasado, me llevarías contigo para siempre hacia ese horizonte torcido; añil, vencido.

Después, quizás lloviera. Suavemente, sobre tu piel de agua, de espuma y sal. Una y otra vez.

Lloviera, quizás, sobre todas las lágrimas. Sobre todas las memorias.







martes, 25 de febrero de 2020

NOCTURNA




Una sombra en la ventana mira otras sombras; parecen cosas. Una silueta con forma de alguien respira apoyada en el alféizar blanco y frío, formando el único cuadro de la única sala de esta noche.
Me miran las cosas, parecen sombras.
Y ya no huelo a dentro. Huelo a fuera y al humo de la leña que ya ardió. 
Un recuerdo huérfano cobijado bajo el canto inmaculado del autillo. Soy lo que pasó. Las flores que  ya no tapizan la maceta, cada gato que no ha vuelto.
Arriba brilla una estrella muerta. Abajo, la luz de las farolas se ahoga en los charcos escuálidos de enfrente. Y ya no llueve.







martes, 28 de enero de 2020

NOSTALGIA O SOLEDAD



Llega el último barco de esta tarde mientras llueve. Una chica en una esquina se agacha y se arriesga a tocar el suelo manchado de realidad con su rodilla para hacerle una foto a una gaviota. Están las dos solas, cada una en una esquina de un cuadrado imaginario. El puerto huele a sal y nostalgia. 
Pero no fue así como ocurrió...

El suelo mojado de la noche refleja la vida de una forma casi perfecta: sólo se ven las gotas caer dónde llega la luz amarillenta de las farolas; una de ellas está fundida y titubea, el pulso de luz que aún le queda es constante y rápido, como el de un corazón que quiere vivir.
No...tampoco ocurrió así.




No era de noche aún cuando llegó la gaviota, ni llovía.  Se posó tranquila a acicalarse las plumas a la orilla del muro. El puerto olía como huelen todos los lugares de dónde nunca quieres irte, o a dónde  siempre quieres volver; a sal y nostalgia, a cruce de caminos, despedidas y comienzos. A mar.
Te hice una foto, quizás dos. Y nos quedamos solas, extraña y asombrosamente solas en aquel metro cuadrado de hormigón, sin temer nada la una de la otra, mirando al agua, oyendo el agua, oliendo el agua. 
Un tiempo después volví a verte. No olía ya a mar ni sonaba igual el agua: llovía, hace mucho tiempo que llovía. Era por fin  de noche, y sólo se veía moverse la vida un poco en los reflejos naranjas y alargados que la luz roída e intermitente de las farolas dejaba derramados en un cemento gastado. Atravesabas un cielo morado, opaco. Tú allí, yo aquí, nos miramos un momento y nos vimos de nuevo tan extrañamente solas, mucho más que la primera vez. Solas, la una de la otra. 






viernes, 17 de mayo de 2019

A PESAR DE TODO








Pues aquí seguimos, aunque no lo parezca. Como el sordo del pueblo aquel al que siempre que le preguntaban, "que, fulanito ¿se jode hoy?" ...contestaba, "sí, aquí al sol..."

La vida va pasando con sus menesteres y todas su alegrías y condolencias. Y yo sigo sentada al borde del precipicio, mirando un paisaje espectacular, reflexionando sobre todo lo que me espera cuando me de la vuelta y regrese. Confiada en que de saltar, quedará tiempo.

Al final nunca se salta. Más que nada por la pedazo de hostia que te llevarías, y por si en vez de matarte quedas tonta. 
No sorda; tonta.

De regreso al hogar -dulce, eso sí- pululamos un poco entre las espigas y los grillos que empiezan ya su serenata. A esta hora del día apetece pensar en Las Verdades, que empiezan a hacerse tangibles y a corroborar eso que se nos olvida el resto del día, cuando la luz y el ruido te conducen como a un borreguillo por el sendero, sin que te salgas, sin que te pares. El día es el reino de Las Mentiras. Al principio, por la mañana, acarician y seducen, y lo hacen todo brillar. Más tarde ya parece que rozan, que pinchan y escuecen. Es al atardecer cuando Las Verdades empiezan a asomar su cabecina entre el polvo amarillento del camino, cuando comprendo.

Miro a Humo y me hace mucha gracia; está oliendo el aire. El de Las verdades, ya. Pues ya es ocaso. Y esa mucha gracia verdadera me hace muy feliz.

Y así va pasando. Girando, sucediendo. Se queman. Se consumen los días como una vela primero recta e impoluta. Al final la cera blanca desparramada forma figuras intrascendentes, pero tan bellas....Y ves pasar deprisa una certeza, te saluda y guiña un ojo, pero no se queda: el cielo no  siempre es azul, el mar nunca fue verde, la primavera no es tan corta y las canciones de amor no iban en serio. Así es el día, y el ocaso, y el mar, la primavera -creo que fue en primavera-y el cielo y las canciones. Como les da la gana, a pesar de todo. Que a pesar de todo, son.

Nos alejamos deprisa, muy deprisa,  del precipicio, y me pregunto mientras tanto, verdaderamente intrigada y divertida,  a qué porras le olería el aire a Humo.













martes, 12 de marzo de 2019

PIZARRA



Trabazos. Comarca de La Cabrera. León.



Era mentira. No llevaban todos los caminos a Roma. 

Desde este laberinto ruidoso, habitado por  sombras anodinas, escogí aquella senda por la que no va nadie, al menos hoy. El invierno es ideal para viajar. En mi caso.  Cuando sales de caza, con la escopeta cargada.

Capturé muchos cazadores tomándose un menú del día en las terrazas de aquellos templos celtas, ahora destrozados:pulidos, reinventados, relamidos,  pintados de un suave y dulce-empalagoso- tono pastel. La cabeza de un jabalí en una esquina, una chimenea que sí tiene leña, poca, débil, crepita en el silencio que se hace cuando entro . Ellos, mis presas, charlan  vehementemente, ajenos a mi mira telescópica. Sobre sus nenes. Sus viajes a la Selva negra y a Praga. Sobre sus mujeres. Sus perros. Sus trofeos. Sus patadas a sus perros y trofeos. Sus viajes veraniegos con sus mujeres y nenes, sin matar y sin patadas;y sus viajes a matar con sus perros, sin sus mujeres y sus nenes. Sus, sus, sus, sus. Ellos lo contaron así, no yo.

Después se estrechan estas sendas de polvo y yesca y se adentran en tierras de nada ni de nadie. Un puerto, y un valle. Otro puerto, y otro, y otro valle, y otro más. Las últimas piedras romanas agotadas se diseminan. Desaparecen, al fin. Cada vez hay menos, y cada vez encuentro más oro en forma de sol y de belleza. Una belleza cruel, imperfecta, hermosa por desgastada.  Del otro oro, ni rastro. Un zorro espantado corre hacia los matorrales. Hoy ha sobrevivido. Va en mi misma dirección. Dónde no se oye ya el estruendo del cañón apuntando a su cabeza, dónde no se oirá el delirante cuerno que anuncia que su cerebro está reventado en trozos en el maletero de un  4x4  que unos cuantos, demasiados, vendrán a ver al grito de guerra del más borracho. 

Dónde las ruinas van tomando forma de hogar y perdiendo el olor a sangre y campamento. 

Los halcones espían desde muy arriba esta minúscula silueta ingrávida  que soy, avanzando hacia ninguna parte. El día es claro y sinuoso. Profundo. Tendrá noche, pero no fin. Me dejo llevar y me pierdo entre lo que queda de lo que una vez  fue una vida. O tantas. Preguntándome porqué se fueron, quienes eran. Dónde están los que quedaron. Tal vez algo de mi ...No sería imposible. Ya no. Miro la madera agrietada, las callejas en cuesta, los balcones encima, los tejados debajo. Y esos  cerrojos nuevos, tan  brillantes, todos iguales. Trancando nada. O tal vez trancando algo que alguien sabe que dejó allí, aunque los demás no lo veamos. Por si algún día regresara; que es bastante improbable, dado el  tamaño inmenso de  los candados y  la  distancia infinita entre el antes y el ahora. 

Me paro un momento y fijo mis ojos  en unas hierbas verdes, intensamente verdes, que han inundado unas escaleras pulidas y empinadas, sin barandilla, surgiendo entre las grietas de pizarra. Que verde es ahora la victoria; la vida sustituyendo a la vida brilla bajo los rayos oblicuos del atardecer.  Como aquel oro que llevaron a Roma, dónde estos caminos no van, sino que huyen. 
De aquí todos huyeron. 
Otros, hoy,  huimos de allí.

Se encuentra tanto de uno mismo en esos lugares dónde está prohibido ir a buscar. Se vuelve tan distinto de cualquier sitio a dónde has tardado tanto tiempo en llegar. O en volver. O tan parecido a lo que siempre has sido.










lunes, 4 de junio de 2018

CUNETAS










Las nubes ofrecen tregua, y la acepto. Salgo pitando con el perro, el perro más pitando que yo, en la esquina freno para que no se embale. Cruzamos la rotonda de la esquina y ya nos metemos en el paseo. Un recorrido habitual, algo temerario, pues solo hay una acera estrecha, y los coches pasan a toda hostia. 
Y,  de pronto, el recorrido habitual se vuelve extraordinario. De un par de días acá, todas las cunetas se han llenado de flores. Son amapolas, malvas, margaritas...El amarillo, el rojo, y el morado inundan los márgenes de la inacabable carretera. Pasamos cerca del colegio, esquivándolo. Los niños chillan igual que las urracas que nos siguen. La hierba está muy alta. Todas las plantas están muy altas. Un cigüeña posada en el tejado del chalet solitario levanta el vuelo. Nos mira desde arriba mientras planea como un ángel que se ha adueñado del tiempo.

A lo lejos aparece él. Lleva el mismo chaleco verde y sobado con muchos bolsos, todos llenos y abultados. Me saluda como todos los días, me guiña un ojo y me pregunta dónde voy, me avisa de que el viento anuncia tormenta; una golosina para el perro aparece por arte de magia en su mano, el perro la coge con cuidado y se la come. No come nada de nadie. Excepto de él. Vive en la cuneta desde hace mucho, nadie se mete con él, y él no se mete con nadie. Tiene un ojo de cristal, y vive de la misericordia humana, como él dice con mucha ironía. Me repite la misma frase que otros días"...aprende a dar pena como los gatos callejeros, morena clara...y desconfía de gente como yo.." Saco dos monedas de dos euros y dos cigarros pero, como siempre,  sólo me coge uno de cada. Se despide con un chasquido estremecedor que sabe hacer con los dos  dedos tullidos de la mano izquierda.

El perro da un tirón cada vez que pasa un coche muy deprisa, yo maldigo. Pero se me pasa al poner los ojos en las flores. Vemos a lo lejos a  Sara. 
Sara es rara. No le gusta hablar. Sólo se acerca, sonríe de vez en cuando; luego se para y da la vuelta.  Vuelve a acercarse y parece que se ríe. Disimula y se pone a coger unas cuantas flores y otras plantas, las guarda en una bolsa de plástico. Pasamos de largo, ella continúa su ritual de giros y vueltas, de idas y venidas.

De regreso los niños ya se han ido del colegio, y las urracas ya no chillan. Vuelvo a verle; me pregunta si he visto a la loca, le digo que sí, y se ríe muy alto. 
" Que bonitas están las cunetas este año...", me da por decirle. Sonríe y su mirada de cristal se vuelve tierna por un momento...Al segundo siguiente contesta socarrón y revenido:
"Es que están muy bien abonadas, las muy putas republicanas...y este año ha llovido a cántaros"

Retumba un trueno en el asfalto recalentado y comienza a llover. Aprieto el paso. Humo vuelve en sí, y se pone muy contento : la calle está desierta, sólo quedan las cigüeñas, el viento moviendo los colores y, además, volvemos a casa.















miércoles, 28 de febrero de 2018

QUE NO DARÍA YO




Somos una foto gastada. Gastada por querida, por guardada y arrastrada por los bolsillos que no guardan más que fotos, el polvo de los caminos y una medalla, pequeña y gastada también.
Una liviana imagen quemada por la luz excesiva de tantos estíos. Secos.  Quebrada por la escarcha de tantos inviernos. Fríos. Sobada de tanto enseñarla. De tanto enseñárnosla.
Somos los restos de los rayos de aquella luz primera de aquellos albas, cuando se oían aún cantar los pájaros al despertar entre las sábanas tan blancas, planchadas por la abuela.
Somos, seréis, serán. Lo que quede de aquel verde del parque por la tarde. Lo que logremos distinguir con estos ojos casi ciegos de la imagen de nuestra  mano colgando de la mano de la madre.
Lo que hayamos podido rescatar de todo lo que resbala entre el dolor de los dedos torcidos, rotos, de tanto apretarlos.








miércoles, 4 de octubre de 2017

¿PUEDO ENTRAR?










Disculpe usted, ¿puedo entrar?...
Pregunto siempre amablemente. Cortésmente. Sinceramente. 
Porque soy un vampiro. Llevo siglos viviendo entre los hombres. Les he visto cazar en las grandes praderas. Navegar en barcos afilados en contra del viento. Les he visto amamantar a sus hijos y herederos de su tierra. En la guerra y en la paz. En las pestes y en las vacunas. Arder en las hogueras, bailar sobre sus tumbas, sembrar millones de semillas que recogerían bajo el sol agotado de la primera luna llena de su año. 
Les he acompañado al calor del fuego, he admirado su pluma y su piano. He llorado con ellos, me he reído de ellos, les he contado mil mentiras y una verdad.
Y jamás les había visto como hoy. Con tanta rabia, tan cansados, sordos, encorvados, silenciados, arrinconados, frustrados. Violentos. Con tantas ganas de llorar. Con tanto empeño por cerrar la puerta, tirar la llave e irse a ninguna parte para siempre.
Hoy no quiero preguntarles. No sé si podré preguntarles ya más. No sé si quiero entrar, y ya no sé si lo querré algún día.










martes, 21 de marzo de 2017

DE PIEDRA (II)








Te esperaré en el mismo lugar dónde me dejaste. Llegará el alba, y la siguiente primavera. Y no me habré movido. Ni habrá latido nada dentro de mi pecho hecho de frío, de roca y de la luz helada de las noches de luna.
Y no tiene otra cosa  que hacer, ni ha tenido, ni tendrá, mi corazón de piedra que esperarte. Y cuando vuelvas, no te dirá nada. Y seguirá a tu lado, esperando a que te vayas, para poder volver a esperarte de nuevo. 






viernes, 10 de febrero de 2017

UN SUEÑO EN BLANCO








Estaba loca, definitivamente. De remate. Una tragedia terrible, verla así. Dejaron la residencia entre sollozos, quejas y reclamaciones, a  paso de zombis colocados.
Ella los vio montar en los coches desde la ventana, divertida. Las compañeras de la bata blanca le trajeron un vasito con un comprimido que se tomo sin rechistar. Después se sentó en su sillón favorito, y le echó un vistazo a ese libro lleno de fotos que le habían traído...en las que no reconocía a nadie.
Aquellos altos, lustrosos y asépticos jóvenes decían que eran sus sobrinos y sus nietos. Ella les sonreía, siguiéndoles la corriente.... hasta que ya no podía aguantar más, y les espetaba alguna de sus demoledoras sentencias. 
¿Sería posible que aquellas criaturas frágiles, quejosas, edulcoradas, fueran sangre de su sangre? No. No lo era.
Era peor soportar a los que decían ser sus hijos...por dios! Por el dios en el que jamás había creído, en realidad. No se podía ni rezar por ellos. Eran la viva imagen de la mediocridad, en su soberbia. Ellos le decían que no se pusiera tan agresiva, sollozando lamentos pueriles. Argumentando no sé qué cosas de la familia y la salud. De vez en cuando se hacían los contentos y le relataban auténticas majaderías sobre la vida, la actualidad, y anécdotas insulsas en las que ella estaba segura de no haber participado jamás, a pesar de lo que le dijeran. Indudablemente, eran idiotas. Y no podía sentir pena, aunque se esforzara.
"La familia", decían, y se les llenaba la boca...La única familia que ahora mismo poseía era a ella misma, y aquellas brujas de la bata blanca que, al fin y al cabo, eran sagaces y simpáticas.
Se puso una de sus chaquetas más suaves y se fue a dar su paseo diario por aquellos extraordinarios jardines, acompañada de Beatriz, su bruja de bata blanca favorita. El aire era magnífico, olía a jazmines y a menta. Y los rayos de luz entre las copas frondosas de los árboles la relajaron.
 Sí tenía a veces, sin embargo,  una ligera sensación de haber estado alguna vez en otra parte, de haber formado parte de otra cosa,  de otras vidas. Una sensación que no llegaba a ser recuerdo, y que la desagradaba profundamente.

-¿De verdad no recuerda a ninguno, señora?...¿ninguna cara...nada? Le preguntó con cautela y respeto su delgada y sutil acompañante...
-Caras?....Jajajjajajaja, el estruendo de la carcajada era tan vital que parecía imposible comprender cómo las neuronas de aquella anciana hubieran mutado así.
-Bueno, pues sí, recuerdo una en realidad; sólo una...Sus ojos se volvieron más verdes y brillantes que las hojas de la albahaca recién regada de los bordes del  camino. -La veo siempre en un sueño en blanco...y es la imagen, muy  viva, de la felicidad-








miércoles, 28 de diciembre de 2016

CARTA A LOS REYES MAGOS






Tengo un amigo que anda buscando como loco al Espíritu de la navidad. Creo que para darle un guantazo. Y luego retarse con él al amanecer, como hacen los caballeros.Y va a ser mejor que siga desaparecido, porque mi amigo tiene muy buena puntería.
Tengo, además, un rayo de un sol estúpido en la ventana, que no ha aprendido a saber cuando sobra. Y no porque sea joven, precisamente.
Tengo un camino compartido con él.. Y él y yo, además,  tenemos un perro que mordió a "papá noel"
Y tengo también un coche nuevo oscuro y precioso de marca blanca que me sube y me baja por la nieve.
Y tres postales, dos de mis amigas de Valladolid, las de la infancia, y una de mi madre. Y un hermano que no se hace nunca mayor, y una amiga que se ha atrincherado en su cocina  y no va a salir de ella hasta el diez de enero como poco. Y unos cuantos y buenos amigos que me leen con paciencia.
Y algunos fantasmas rondándome en las madrugadas, que he congelado con los langostinos.


Tengo el Universo; en la mañana de niebla, en el recuerdo del mar que brota de  los destellos blancos de la escarcha, en la luz que quedó atrapada en su cabello y en los sueños que viven dormidos en su aliento.

Queridos Reyes Magos...no necesito nada más....
Bueno, si acaso tenéis un poquito de Vergüenza......Para los que tiran petardos y asustan  a los perros y a los bebés, y para los que tiran a los perros, y para los que pegan a los niños y a las damas, y para los que nos han estafado y siguen haciéndolo...y bueno, entre nosotros, para Espíritu de la navidad también, por favor...de parte de mi amigo, que le debo una. Gracias.





miércoles, 7 de diciembre de 2016

LA CONVERSACIÓN








“Ver un asesinato por televisión puede ayudarnos a descargar los propios sentimientos de odio. Si no tienen sentimientos de odio, podrán obtenerse en el intervalo publicitario”.



Tratando de retomar los agradables paseos de los que hablábamos aquí, me encontré, ya a punto de empezar a atardecer, con este numeroso grupo de córvidos aprovechando los últimos rayos de sol del día. Me fijé en que tenían una entretenida y alborotada conversación, me paré a escucharles, pero no les entendí mucho; les hice la foto de rigor y se me ocurrió la maravillosa idea de hacer algún sonido para ver si salían volando, y podía hacer "esa foto" que sólo hacen los del National....Como iba sola con Humo, di una palmada fuerte y, efectivamente, salieron volando. Volvieron. Una vez que mi aguda inteligencia de primate comprobó que no sólo escapaban, sino que volvían después, me dije, "esta es la mía..." ...ajusté los parámetros de mi cámara, todo lo que yo entiendo por ajustar parámetros, y di otra palmada, apunté y disparé. Así por varias veces. Hasta que Humo se empezó a inquietar un poco, y a mirarme un poco con amor, un poco con curiosidad, un poco con misericordia (sí, también probé a dar un chillido...pero para eso no valgo, así no vuelan...)
Pues una vez que mi sesuda inteligencia, de nuevo, se percató de que, además de "no ser la mía", podía estar pareciendo tonta, o lo que es peor, siéndolo...seguí mi camino, muy contenta por las endorfinas del paseo, no tanto por las cosas que nos hacen los del National parecer que son tan sencillas.
Los pájaros callaron, y siempre volvieron. Me asaltó una duda insolente, sobre quien podría llegar a ser más estúpido; si ellos volando y volviendo, o yo dando palmadas y tirando la foto tarde.
Las fotos quedaron ...bueno, pues no me quedaron como a los del National; seguro que ellos llevan a un "palmeador". Claro, así cualquiera. El próximo día le digo a Pedro que venga para darme las palmadas él...que seguro que le encanta la idea. De momento os dejo sólo la única foto "dejable", en la que están en modo conversación, la primera que hice. Y donde debería haber parado.
Otro día ya os contaré de que hablaban, por cierto...bastante inquietante.
Feliz festivo de la Inmaculada!!








martes, 15 de noviembre de 2016

SECRETOS






Los lugares secretos guardan un frío secreto, el frío de la paz. A través de la niebla debes descubrir las pequeñas lágrimas de esperanza que brotan de los árboles, y.... si te dejan tocarlas, se sana el alma. 

No sólo son secretos; son prohibidos si no se tiene la llave. Hay millones de llaves en el mundo para los lugares secretos. Sin embargo, en ellos nunca hay nadie.







miércoles, 24 de agosto de 2016

RETROCEDER









Si hubiese mirado detrás, incluso delante suyo, habría visto todos los verdes, ocres, rosados  y violetas que la protegían. Pero retrocedió hacia el negro, lo que conocía, y se quedó para siempre en su amado bosque hecho tan solo de oro y plata