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martes, 24 de agosto de 2021

INERCIA




 
Para escribir en son de paz:
dar cien vueltas sin contarlas
en el bosque que imagina
en el salón.
Van tocando sus manos
esto y aquello
cosas que habitan una casa
moviéndolas de un sitio a otro
como si así se moviera
el tiempo que pasó
o el que ya no vuelve
que no sabe si es el mismo,
o sí lo sabe
y no es.
Las cosas de las casas hablan o gritan,
cantan
hoy tocó a las mudas.
Los pasos van y vienen
y van
con la música a otra parte
del pasillo a la terraza y de aquí al pasillo
aunque es el mismo aire comprimido
el que penetra en los pulmones
y vuelve a salir, y a entrar,
y a salir.
Si parase de golpe la tierra de girar
y todo frenara en seco
entonces un ojo también seco se abriría
como acabado de nacer
al ver todas las cosas
saltar,  suspendidas
en el aire que acaba de exhalar
y ya no hay tiempo ni sitio
al que haya que volver
Revienta, y revienta ahora
estallan las ventanas y son sol
derrumban las paredes y son árbol
se quiebran los techos y son cielo
explotan los grifos y son fuente.
Quedando sólo lo torcido, lo roto y lo rasgado,
que es nuevo, nace, se engendra ahora,
y ahora sí.
Vuelve a dar cien vueltas sin contarlas
a un salón que ya es desierto
moviendo cosas, tragando un aire arcaico,
el ojo seco escribe
algo que no importa,
ni se entiende,
en son de paz.







lunes, 26 de abril de 2021

ARRABALES, ARREBOLES









Bajas del último bus en la última hora que te queda antes de que el último arrebol enfrente desaparezca tras las ruinas de la vieja fábrica. El camino serpentea, resbala, otra vez hoy ha llovido. Sopla el viento, otra vez también. Ahí vienen los hijos de Ana con sus bicis y sus sonrisas de lado, en este mundo esquinado todo es o está de lado. Se te acercan los niños de siempre, los perros de siempre, las cucarachas y las ratas de siempre, saludas como siempre. De lado miras, por encima del hombro, al horizonte inclinado que ves todos los días. La respiración se alivia y se acompasa, es territorio conocido. 
Después de tantas horas, de tantos buses, de tantos metros, de tanta gente viva y muerta, parece que haya pasado mucho, muchísimo  más de un día. 
Aminoras el paso, parece que pienses en algo. Parece que pienses en mañana.
Parece que pienses que mañana y hoy van a ser muy parecidos, porque hoy siempre se parece mucho a ayer.
 Parece que pienses en que un día vas a dejar de pensar. A pasarte de largo tu casa, seguir hacia delante, mirar por encima del hombro el poblado, el barro, los restos de coches quemados y las filas infinitas de postes de la luz. 
Tu casa...
Y pasarte de largo tu tele con tu mismo programa favorito de ayer, y tu misma cena parecida a todas, ansiada con el mismo deseo gastado. Pasarte de largo las mismas ganas de llorar escondidas en el mismo rincón.
Todos tus rincones se parecen demasiado.
Atravesar los descampados como quien se ha atrevido a echar a andar por el desierto a lo bobo, sin mirar atrás, ni mirar de lado. O mirar sin ver, quedarte ciega viendo y no  parar hasta alcanzar aquel otro lugar del que te hablaron una vez, dónde nada se parece.




martes, 28 de enero de 2020

NOSTALGIA O SOLEDAD



Llega el último barco de esta tarde mientras llueve. Una chica en una esquina se agacha y se arriesga a tocar el suelo manchado de realidad con su rodilla para hacerle una foto a una gaviota. Están las dos solas, cada una en una esquina de un cuadrado imaginario. El puerto huele a sal y nostalgia. 
Pero no fue así como ocurrió...

El suelo mojado de la noche refleja la vida de una forma casi perfecta: sólo se ven las gotas caer dónde llega la luz amarillenta de las farolas; una de ellas está fundida y titubea, el pulso de luz que aún le queda es constante y rápido, como el de un corazón que quiere vivir.
No...tampoco ocurrió así.




No era de noche aún cuando llegó la gaviota, ni llovía.  Se posó tranquila a acicalarse las plumas a la orilla del muro. El puerto olía como huelen todos los lugares de dónde nunca quieres irte, o a dónde  siempre quieres volver; a sal y nostalgia, a cruce de caminos, despedidas y comienzos. A mar.
Te hice una foto, quizás dos. Y nos quedamos solas, extraña y asombrosamente solas en aquel metro cuadrado de hormigón, sin temer nada la una de la otra, mirando al agua, oyendo el agua, oliendo el agua. 
Un tiempo después volví a verte. No olía ya a mar ni sonaba igual el agua: llovía, hace mucho tiempo que llovía. Era por fin  de noche, y sólo se veía moverse la vida un poco en los reflejos naranjas y alargados que la luz roída e intermitente de las farolas dejaba derramados en un cemento gastado. Atravesabas un cielo morado, opaco. Tú allí, yo aquí, nos miramos un momento y nos vimos de nuevo tan extrañamente solas, mucho más que la primera vez. Solas, la una de la otra. 






miércoles, 22 de enero de 2020

EL LOBO TRANQUILO



Hoy no hay que hacer ninguna gestión. Ningún papel en la carpeta, ninguna carpeta. Caminas por la ciudad tranquilamente, como a ti te gusta y, aunque no te guste la ciudad, no lo parece. Tus botas camperas negras y puntiagudas llaman la atención. Tú llamas la atención. De haber sabido que haría este calor, no habrías puesto la chaqueta. Te la quitas y te la echas al hombro. La gente parece que va helada, y no entiendes porqué. 
 Para ti es tan natural que te miren desde abajo que no te das cuenta de lo injusta que les parece a los demás la vida cuando lo hacen. Los demás: esos que pululan alrededor tuyo como moscas desorientadas, buscando panales de miel en invierno. Para ti no existe el concepto "los demás", te lo impongo yo mientras te hago caminar despacio, parándote en los escaparates de cacharros, de móviles, de llaves y martillos, de cosas para los coches, de camisetas enanas y demasiado cortas.
Caes bien. Te gusta hablar, aunque eres tímido; y perder el tiempo creyendo que lo ganas. Te gusta el día de descanso y la gente, a veces, también. Casi siempre, mejor dicho. Te gusta casi todo porque no tiene porqué ser de otra manera.
No como a mi, que te sigo y te dibujo al mismo tiempo. Que no me gusta casi nada porque no sé cómo es la otra manera.
Te paro ahora un momento a saludar a una chica que conoces. Es guapa, es simpática. Charláis un rato y le cuentas un anécdota que a ella le importa un pimiento, aunque se ríe y te escucha, y te escucha y se vuelve a reír.
Todos esos demás saben muchas cosas de ti, pero ninguna. Porque esa ninguna no te la han preguntado nunca. Bueno, una vez sí; te la pregunté yo. Y te quedaste, y yo no me fui.
Tu paseo continúa porque no tiene porqué ser de otra manera, y me metes prisa: cruzas la calle en rojo porque no pasan coches, y no tienes porqué esperar. Y si tuvieras que esperar, lo harías. Porque tú, sabes esperar como nadie de todos esos demás sabe. Al fin te alcanzo y ya estás charlando otra vez, conoces a tanta gente como la que desconozco yo. Te pregunto: ¿quién era?...y me contestas, fulanito o menganita, pero no sabes más, no me respondes a todo lo que quiero saber y te hace gracia mi curiosidad. Yo, sin embargo, conozco casi todo de los pocos demás que conozco, pero no sé nada de ellos, y si alguna vez lo supe, quise volver al principio y desaprenderlo.
Decido que tomes un café en una terraza preciosa del centro, cerca ya del coche. Cuidadosamente posas la chaqueta en una silla y te sientas en la de al lado. Miras el móvil un momento y lo dejas  encima de la mesa, de salvapantallas tienes puesto un lobo tranquilo y solitario, quizás nostálgico de algo. Te pides dos cafés solos porque si te pides uno doble, te ponen doble de agua, no de café. Siempre pasa lo mismo con el café, y te hace gracia que no lo entiendan. Se lo explicas al camarero y él sonríe.
Decido tomarme un café a tu lado. Como siempre, no le pido dos azucarillos porque no entiendo que sólo pongan uno; se lo pido luego y a mi no me hace gracia, y al camarero tampoco; me enfada, y a ti te gracia que me enfade, y reímos juntos por cosas distintas que son la misma para ti y para mí, y ya no me da tiempo a decidir qué pasará luego. Además, no puedo. Porque el concepto de "luego" es como el de "los demás", para ti, no importa. Y no tiene porqué ser de otra manera.








miércoles, 4 de diciembre de 2019

GRETA Y LA MÚSICA






El otro día por la tarde, a una hora no muy prudente, se me escapó Greta, la cabra que me dejó al cuidado mi amigo Pablo, uno de cerca de Acebedo. Las pasé canutas para pillarla; de hecho, yo no la pillé. Si ya de por mi tengo una imagen un tanto peculiar, me temo que este acontecimiento ha sido decisivo para acabar de fastidiarla. 
Le puso Greta en honor a Greta Garbo, no vayáis a pensar otra cosa. Porque dice Pablo que se le parece mucho en eso que decía la Garbo de que "no es que quiera estar sola, sino que la dejen en paz".
Yo no hice nada...sólo se me ocurrió poner música en el equipo, en el bueno; a Humo-mi perro Carea-  le encanta. Y como Humo no parecía muy convencido de que Greta se quedara en casa, la puse para calmarle; y él se calmó, efectivamente. Bueno, lo que entiende Humo por calma: saltar y brincar, morderme las mangas de la chaqueta, dar carreras por todo el salón hasta que me yo me agoto y se queda echado frente de los altavoces, los mira y mueve las orejas con cada cambio de ritmo, y sobre todo con el saxo.
Pero Greta, de repente, salió de estampida, como horrorizada, yo quise cogerla pero era imposible. Pensé en ponerle la correa para sacarla de paseo y en esas estaba, cuando al abrir la puerta para tratar de engatusarla y que viniera, me dio un trompazo y salió corriendo a la escalera. A partir de ahí fue todo mucho más terrible...Coincidió que unos vecinos subían por las escaleras, Greta les esquivó de un empujón y bufando, salió a la calle. Siempre coincide que haya gente por las escaleras. Hay gente a todas horas por todas partes, haciendo de todo, cualquier cosa, no importa qué. También coincidió que estaba la calle llena de gente, claro; Greta saltó encima de varios coches, casualmente los de los vecinos más sensibles a este tipo de  acontecimientos. Volvió a bajar y empezó a embestir a una papelera, mirándome a veces, haciéndome muecas raras. Echó a correr de nuevo, se paró en seco un momento a oler unos papeles de publicidad que había tirados por el suelo. Eso también coincide siempre, es decir, los papeles tirados por el suelo. No llegué a tiempo; cogió uno en la boca y marchó corriendo con esas pintas como una loca por la acera arriba, giró en la esquina, y me dio un vuelco el corazón. Corrí como en mi vida, yo ya no estoy para estos trotes, pensaba, casi ahogada...pero sí: si que estoy, por lo visto. Corrí y corrí hasta que la vi de lejos en el parque, dónde  coincide que estaba llenos de niños; claro. En ese momento me vi en la cárcel. Como algo parecido a la magia, se calmó y empezó a jugar con los niños, mientras sus padres chillaban histéricos desde las ventanas. Aproveché para "cazarla", pero no quería venir, la muy testaruda. Quería quedarse con los niños. A todo esto, ya había llegado la policía y me empezó a preguntar cosas...no recuerdo bien, cosas que me parecieron extrañas: que si de quién es la cabra, que si tengo permiso de cabrera, que si por qué no lleva bozal, que si que cabra más bonita decía uno....Acabé mareándome.
No recuerdo más; sólo que me desperté sentada en el suelo con mi chico al lado -alguien le había llamado-  mirándome con mucha compasión y con Greta cogida con la correa y muy quieta y satisfecha, mirándome desde arriba. . La policía charlaba muy entretenida con él, "...menos mal, jejeje, si no pasa nada, mujer...que linda cabritilla, fíjate, si parece un perrito...". Los niños me rodeaban y me ofrecían agua y caramelos. Los padres se arremolinaban un poco más allá y miraban con cara de mucha compasión, también, una compasión un poco distinta.
Ya entrada bien la noche llegó Pablo. Por fin. Cenó con nosotros y le contamos más o menos lo que pasó; no le dio ninguna importancia, sólo comía tranquilo, y divertido. Mi chico igual; con algún matiz entre el sarcasmo y un profundo amor que pasa inadvertido al resto del mundo.
Humo y la cabra se han hecho inseparables. Cada vez que vamos por allí, por cerca de Acebedo, a ver a Pablo, Greta sale corriendo a recibir a Humo que se pone como loco, brinca y salta como un canguro poseso, luego corren juntos entre los robles, ladera arriba y abajo, o entre los caballos ocres que pastan en la colina. De vez en cuando la cabritilla se acerca y me lame una mano, como si fuera un perro. 
De vez en cuando, también, algún vecino -los sensibles a estos acontecimientos, no-  me pregunta por la cabra. Que a ver si la traigo, que si que maja, que si qué hace falta para tener una...He hecho más amigos gracias a la putada de la cabra Greta que en años, algo que por otra parte, no es que fuera mucho mi  intención, la verdad. 
Y ahora que está llegando la dulce Navidad, me estoy pensando muy seriamente traer a Greta unos días con nosotros. Pablo está de acuerdo, mi chico también, y Humo deseándolo.  A las cenas, a las comidas, y a todas las reuniones que hagan falta; y poner la misma canción que sonaba cuando se me escapó. Porque eso sí, tengo muy buena memoria para la música.





domingo, 14 de abril de 2019

SECRETOS










Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

"Aunque tú no lo sepas"
Luis García Montero
(Habitaciones separadas)





Algunas veces el calendario tropieza y cae de morros al suelo desparramando el tiempo por las baldosas, los meses se despedazan en fragmentos sin sentido, saliendo los días disparados, rebotando contra las paredes.
Imposible de recomponer, lo recojo todo y lo coloco con cuidado en una cajina de cartón del chino que tiene dibujadas unas hojas marrones, como recién caídas en Noviembre.. 
Y lo voy viviendo así, como va saliendo.
Cuando amanece escojo un día, y vivo ese. Al siguiente, el que toque sacar, como en el Bingo. Al azar. Y no encajan mis días con los de nadie, ni los de nadie con los míos. 
Suelo esconderme entonces hasta que pasan todos, más o menos nadie me ve. Y cuando la caja se vacía, me compro un calendario nuevo y procuro dejarlo en algún lugar en el que sea seguro que volverá a perder el equilibrio y se desmoronará sobre el mismo suelo, partiéndose en todos esos días. Que quedan descolocados, dispuestos a su antojo, seleccionado su puesto por la suerte, la de un golpe.
Sin números ni inviernos, ni santos ni lunas en orden. Ni en desorden.













**Gracias. Muchas. Siempre. 

jueves, 21 de junio de 2018

LIVE IN PARIS, 1974









"La vida es muy asquerosa. Desapacible, desagradable, injusta. Sobre todo es injusta"
Eso le acababa de decir a Elena una paisana de mediana edad y aspecto casualmente impoluto mientras aparcaba en doble fila  su dieciséis válvulas azul con su nena rubia de coletas perfectas en la sillita de bebé de atrás. "Para hacer un recado", dijo. Y se despidió con dos besos impolutos también, insistiendo en quedar para un café, un día de estos. Un tiempo atrás la hubiese sorprendido que su antigua amiga pensara así.
Hoy, algo había cambiado.

Le dio una patada a una lata vacía de coca-cola ahora que nadie miraba. Las farolas se encendieron al mismo tiempo que los grises se tragaban los colores insidiosos del día . La ciudad mutaba al anochecer. El monstruoso gusano lustroso y vociferón iniciaba su metamorfosis todos los ocasos, afortunadamente. Y una esbelta mujer alada emergía en su lugar, lánguidamente sentada en un altar de luz añil, poniéndose unas medias negras muy despacio. Después, echaba a volar.

"El que algo quiere, algo le cuesta". Le había susurrado su jefa esta mañana, a la vez que le daba el finiquito desde abajo y desde esas  manos de dedos gordos  con las uñas perfectamente pintadas.
Esas palabras habrían resonado en la cabeza de Elena durante días largos y noches cortas un tiempo atrás.
Hoy, le importaban lo mismo que los papeles que revoloteaban sobre el suelo al compás del viento sucio y caliente que se había levantado.

Avanzó ligera y doblo la esquina. El negro ya era el rey. La luna la reina. Y la calle que le llevaría a su casa estaba hermosamente desierta, deshabitada, incierta, desconcertada, oscura, desnuda, mojada, virgen, resbaladiza, ingenua, exiliada, errante, abandonada.
El mismo gato negro debajo del mismo coche despintado la vio pasar; se miran. Elena sonríe, tanto, que se asusta. Las llaves entran a la primera, casi a ciegas. La puerta se quiebra. Da la luz. Huele bien. A hogar;a limpio, a fresas, a sábanas planchadas, a naranja, ligeramente a humo...Lo primero que hace es coger una salchicha de la nevera y tirársela al gato. Después se queda un rato fumando en la ventana.

"Todo lo que no te mata, te hace fuerte"...le había recitado su mejor amigo hacía unas horas, tan tiernamente convencido. ..
-Y una mierda-, pensó Elena. Un tiempo atrás lo creía. Hoy, sólo clavó los ojos en las hierbas cubiertas de polvo que crecían entre los bordes de la acera. Una y otra vez, crecían; una y otra vez, las cortaban. Y volvían a crecer.

Le vio llegar. Corrió dentro y se perfumó con su favorito. Sirvió en el mejor vaso de cristal de Bohemia el  Whisky más caro que tenían. Ella no había tenido su mejor día. Él tampoco. Seguro. Pero eso les hubiera importado antes. Hoy, los ojos de los dos brillaron más que nunca al encontrarse, nada más quebrarse de nuevo la puerta.




P.D. El tema de Lou Reed que me inspiró un poco...-un poco sólo- este relato es, en realidad, su Dirty Boulevard; y en buena calidad de sonido; pero yo, hoy, quería poner ésta ;)
Besos 







Al Pirri :D









lunes, 4 de junio de 2018

CUNETAS










Las nubes ofrecen tregua, y la acepto. Salgo pitando con el perro, el perro más pitando que yo, en la esquina freno para que no se embale. Cruzamos la rotonda de la esquina y ya nos metemos en el paseo. Un recorrido habitual, algo temerario, pues solo hay una acera estrecha, y los coches pasan a toda hostia. 
Y,  de pronto, el recorrido habitual se vuelve extraordinario. De un par de días acá, todas las cunetas se han llenado de flores. Son amapolas, malvas, margaritas...El amarillo, el rojo, y el morado inundan los márgenes de la inacabable carretera. Pasamos cerca del colegio, esquivándolo. Los niños chillan igual que las urracas que nos siguen. La hierba está muy alta. Todas las plantas están muy altas. Un cigüeña posada en el tejado del chalet solitario levanta el vuelo. Nos mira desde arriba mientras planea como un ángel que se ha adueñado del tiempo.

A lo lejos aparece él. Lleva el mismo chaleco verde y sobado con muchos bolsos, todos llenos y abultados. Me saluda como todos los días, me guiña un ojo y me pregunta dónde voy, me avisa de que el viento anuncia tormenta; una golosina para el perro aparece por arte de magia en su mano, el perro la coge con cuidado y se la come. No come nada de nadie. Excepto de él. Vive en la cuneta desde hace mucho, nadie se mete con él, y él no se mete con nadie. Tiene un ojo de cristal, y vive de la misericordia humana, como él dice con mucha ironía. Me repite la misma frase que otros días"...aprende a dar pena como los gatos callejeros, morena clara...y desconfía de gente como yo.." Saco dos monedas de dos euros y dos cigarros pero, como siempre,  sólo me coge uno de cada. Se despide con un chasquido estremecedor que sabe hacer con los dos  dedos tullidos de la mano izquierda.

El perro da un tirón cada vez que pasa un coche muy deprisa, yo maldigo. Pero se me pasa al poner los ojos en las flores. Vemos a lo lejos a  Sara. 
Sara es rara. No le gusta hablar. Sólo se acerca, sonríe de vez en cuando; luego se para y da la vuelta.  Vuelve a acercarse y parece que se ríe. Disimula y se pone a coger unas cuantas flores y otras plantas, las guarda en una bolsa de plástico. Pasamos de largo, ella continúa su ritual de giros y vueltas, de idas y venidas.

De regreso los niños ya se han ido del colegio, y las urracas ya no chillan. Vuelvo a verle; me pregunta si he visto a la loca, le digo que sí, y se ríe muy alto. 
" Que bonitas están las cunetas este año...", me da por decirle. Sonríe y su mirada de cristal se vuelve tierna por un momento...Al segundo siguiente contesta socarrón y revenido:
"Es que están muy bien abonadas, las muy putas republicanas...y este año ha llovido a cántaros"

Retumba un trueno en el asfalto recalentado y comienza a llover. Aprieto el paso. Humo vuelve en sí, y se pone muy contento : la calle está desierta, sólo quedan las cigüeñas, el viento moviendo los colores y, además, volvemos a casa.















martes, 5 de diciembre de 2017

GUIRNALDAS






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Ya no recordaba cuántas vueltas había dado a las mismas calles. Por las mismas plazas, a los mismos jardines. Mejor dicho, ya no sabía cuántas. Mejor aún: pensaba que ya no sabía cuántas. Acababa de encontrarse con el placer de perder la cuenta. Más aún; hoy no quería aprender nada. Ni saber nada. Ni desear nada. Ni siquiera quería olvidar.
Y todo en el mismo día, en una horas, un rato. Una mezquina pizca de tiempo estelar. Una nada.
De pronto le pareció curioso pensar en que "nada", también era femenino. Como ella. Como las guirnaldas que colgaban del cielo negro aquella noche extraña. Había llovido y no le importó mojarse. Había sufrido y no le importó olvidarse. Había llorado y...no. No le importó nada reírse. 

Fue una sensación nueva aquella indiferencia, aquel letargo del miedo, aquel miedo aliado, sentado en alguna parte que le resultaba muy cómoda, de alguna forma inquieta, familiar. Ah!, sí...era como  cuando pintaba saliéndose de las líneas, como cuando pisaba los charcos delante de la risa de su madre; de cuando se coló con su hermana en la mansión abandonada y dejaron el mensaje escondido detrás de una de las piedras sueltas del muro del desván húmedo, iluminado por haces discontinuos que entraban como intrusos invitados entre las grietas de la madera desgarrada.

Y la satisfacción  de mirar por mirar, andar por andar, estar por estar, se fue haciendo crónica. Ya no había vuelta atrás. Tuvo esa sensación inconfundible de atravesar una puerta. Era un punto de inflexión. Un nudo marinero. Un portal a otra dimensión. Una colina que desaparecería al cruzarla. 

Volver por volver, o no. 

O quedarse otro tanto repartiendo suspiros a las estrellas de allá arriba, entre aquellos gatos mojados de allí abajo, todos sentados, mirándola sin verla. Que parecían también, de manera hilarante y mágica, estar por estar.














Edito el post para añadir la fotografia en color, como la hice. Igual os gusta más...Igual menos. Yo cuando busco una foto para poner, no busco la más bonita, sino la más bonita para mí...A lo mejor soy rara, pero ya lo dice una amiga...de cerca, todos somos raros.
Ya me diréis algo, espero:)

(Minimal, creo que ahora está en e formato acostumbrado;) Muchas gracias)












Un beso!!

viernes, 27 de octubre de 2017

UN VIAJE INOLVIDABLE







Mi compañero y amigo Xibeliuss nos propuso darle una frase, y luego hacer un relato con ella cada uno.
Aquí está el mío, Xibeliuss. Gracias por el juego, me encanta, y me viene bien, además. 
Espero que os guste a todos. Contiene alguna palabrota...así lo requería el guión...Siempre desde el humor, que sé que lo tenéis, y falta que nos va a hacer, pues la realidad es para llorar. Y, como no, desde el cariÑO.
Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

Un beso


UN VIAJE INOLVIDABLE



-¡Mira tía! …Aquí hay cobertura!

-Pues venga, llama ya joder, me estoy asando

-Ostras, que fuerte…

-¿Qué?

-Cataluña se está separando de España…Y media España arde en llamas…

-Pero, ¿Tú eres tonta? Como acabes con los datos ya verás…yo no tengo casi batería tía, no te pases…

-Pues haberlo cargado, a mí qué me cuentas. Siempre me estás riñendo, estoy harta; siempre tengo yo la culpa de todo

-Venga vale, Diana…perdona. Jolines, que tenemos que salir de esta puta carretera. Me da mal rollo. Estamos cansadas…llama ya al seguro. ¿Cómo que Cataluña se está separando de España?...

-Nada, pues eso; que proclaman la independencia…

-¿Así…de repente…?

-¿De repente?...Llevan siglos, nena…
….

-¿Qué te han dicho?

-Que vienen enseguida

-Enseguida: cuándo…

-Ayns, jolín…pues en una hora han dicho.

-Puff….que fastidio. Que harta. Lo siento, Diana. Deberíamos saber las dos cambiar una rueda. Esto es de vergüenza…de verdad. Es culpa mía. El coche es mío…

-Déjalo Eva, no te preocupes tanto por todo. Vendrá el pavo y ya está…

-Oye, y ¿nos cambiará la rueda, o nos llevará en una grúa? Espero que nos cambie la rueda; yo en la grúa no voy

-Yo tampoco

-Y si se ríe o insinúa algo, entonces sí que la tenemos

-Igual es una pava…

-Jajjajj…si, igual…..

-Ya…jajajjajaa

…..

-Me aburro Eva…Ostias, y me meo!

-Joeeer…..¡dios! Pues mea en cualquier sitio, está lleno de campo…

-Si hombre, con los bichos…Bueno, espera, ahora vengo

…..

-Eva….

-Queeeeeeeeeeeeé

-¿Y si hacemos como que somos tíos?

-Que pijada….de verdad, Diana…a veces…….Bueno, venga vale, jajajjaja

-Jajajajja…ok. Yo me llamo Carles.

-¿Carles?...jajajja, no jodas tía…¡encima!...jajajja, bueno venga, vale. Yo me llamo Mariano.

-Tiiiiiiaaaaaa, jajjja, noooo, eso no vale.

-¿Por qué? Jajajja….Me llamo Mariano, y punto.

-Jajjaja….me parto el culo, Eva ¡Ay! A ver si viene el pavo este ya…¡Y cambia la brújula, jolín! Mira que te lo dije ya ayer…

-¿Por qué le llamas brújula? Eres más idiota a veces….

-Eva…

-Quueeeeeeeeeeeeeeeé!!!! ¡Me llamo Mariano!

- Jajjajjjj…Si fuéramos tíos, ¿habríamos sabido cambiar la rueda?

-No; no, necesariamente

-Ya; eso lo dices para consolarme

-Nooo. Lo digo en serio. Completamente. Y somos tíos. No te salgas del papel.

-Mariano…

-Jajajaja…qué..

-Si fuéramos tías…¿Qué habríamos hecho? Con lo de Cataluña y los incendios, digo…

-Cagarla. Igual que ellos, probablemente…

-¿Tú crees?

-Sí

-Pues yo creo que no

-Ya, pero es que tú eres tonta

-Tonto, perdona

-Eso, tonto.

-¿No eres feminista?

-No. Soy un tío.

-Hay tíos feministas.

-Sí, ya. Y tías que cambian ruedas.

-Jajjaja….no estás siendo justa. ¿Pero, eres feminista o no, en serio?

-¿Como yo misma, siendo Eva?

-Siiiii

-Pues no. Bueno, sí; pero no.

-¿Por?

-Porque nunca me he sentido menos ni distinta que un tío. Ni me sentiré nunca.

-Eso es demagogia.

-No…lo tuyo es demagogia…¿Es que no se puede ser tía sin necesidad de sentirse una víctima de nada? Que pereza, por favor…Oye, Carles….

-Queee….jajajjaa

-Que te quiero mucho…Y si fuéramos tías igual no la habríamos cagado tanto con España, ni con el fuego; sólo con la rueda…jajjaja

-¿Sí?....Yo también te quiero mucho…¿qué habríamos hecho?

-Pues…no sé….pero algo práctico…supongo. Muy práctico. Aunque no tuviéramos que ir a por los niños, hacer la comida, ir al médico, cuidar a los papis, limpiar toda la casa….da igual…lo llevamos de serie.

-Entonces no somos iguales….

-Jaajjaajjaa…no Carles. Sí somos iguales…..sólo que a ellos, les falta entrenamiento…

-Jjajaj…¡Mira, Mariano! Ahí viene la grúa. Jjjaa…me parto; oye, es un tío…¿Y si nos seguimos llamando así para mosquearle?

-Jjajjajaja…a veces eres mala de verdad, Carles, jajjaa…no tía, no te pases…

-Jjajajjajjajajja…calla, que viene…Anda, alégrame el día y cambia la puta brújula y dale la vuelta, que así no da suerte, jolines

-¡Que no le llames brújula! ¿Eres tonta?

-Tonto…

-Jajajaja..ya te vale…

-Es que es una bruja pequeña…

-jajjajja…¡calla!

La luz del otoño en el valle de Somiedo era un sueño cumplido. Dos muchachas ajenas al desastre por falta de wifi en los teitos, y de datos en el móvil. Dos muchachas regresaban, sin saberlo, a una realidad muy distinta a la que habían vivido estos últimos cuatro días de cuento de hadas, en su viaje inolvidable.
Pablo divisó el coche, los triángulos perfectamente colocados: que raro …eran dos tías…Dos chicas preciosas con una enorme sonrisa cada una, como si en vez de llevar dos horas esperándole, llevaran dos minutos…

-¿Qué coño haces?

-Narrar….

-De verdad, Carles….que pedazo de boba eres, jajaja, eres genial…Si se llama Pablo me meo…


















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viernes, 11 de agosto de 2017

O SOÑO QUÍTAME O SONO








Es verano aún. Las flores que se escondieron en los despojos de agua permanecen. Un agua que ya no existe, que sólo me recuerda lo que cubrió su estirpe, que sólo trae y lleva imágenes confusas de aquel hogar. Que ya no existe. Como una góndola zarandeada por la tormenta exigua, agotada; y no la puede hundir.
Es la hora en que los poetas ya no hablan de los cisnes, ya no cantan a aquel amor enmarañado en tu cabello. La hora de la muerte de los versos, del plural, del sin embargo.
Los mismos lirios acicalan la maceta que los años han ajado y erguido de desdén. Y serán siempre los mismos, regados por la misma mano, que idénticos años, han tullido, mancado.Han escogido.
De los recónditos nidos húmedos del alma brota el musgo que tapizará los ojos  aún abiertos, y los cegará de luz un tanto oscura; y no será ya el mismo verde que recogió la semilla que dejé caer. El viento se llevó el cerezo rosa que plantamos esa noche de verano. Que es, aún.




A María Jesús. Paradela.








jueves, 3 de agosto de 2017

FURTIVOS








Cada mañana, muy temprano, Pablo recorre ansioso el sendero  empinado que desemboca en la playa. Junto a él avanza a grandes zancadas su perro Vamos.
Vamos es un perro con las pata muy largas, el pelo corto y brillante de color aceituna, y una mirada sagaz de dos colores, uno en cada iris.
Pablo deja la bici tumbada al lado de unas rocas y recorre la playa con Vamos . Se bañan, saltan y juegan en la espuma blanca que rebota y ruge cegando la voz del viento. Cuando el sol comienza a coger fuerza allá arriba, en el cielo desteñido, se van. Pronto empezarán a llegar los veraneantes más madrugadores; luego los vigilantes y socorristas. 
A la hora de comer Vamos queda en su escondite. Los papás de Pablo no le dejan tener perro. Él se lo ha presentado, les ha suplicado, les ha mostrado todo lo que ese perro que se encontró sabe hacer sin habérselo enseñado nadie. Pero no, no puede tenerlo en casa.
Un día, recorriendo en su bici el lacio pinar que sobrevive en  las colinas de la ciudad, un perro se acercó a él. Era un perro muy juguetón y confiado. Pablo le dijo ¡vamos! Y él le siguió.
Cojito es un gato. Callejea, como todos los gatos. Por las noches. Como todos los gatos y alguna dama.
Una, y sólo una de esas damas, le da de comer salchichas de paquete. Casi a la misma hora, casi todas las noches, Cojito deambula con rumbo exacto hasta el recodo impregnado del olor a tabaco y jabón de Camelias. Se refugia bajo un coche aparcado. Ella se acerca, ve sus orejitas, y le tira una salchicha muy cerquita y con buena puntería, porque él no puede correr, y hay competencia. .. Así, de una en una, todo el paquete. Mucho más tarde, después de no cansarse de mirar fijamente su silueta lánguida, ella se aleja. El viento barre su perfume y arrincona las colillas en el bordillo de la acera. Sólo queda, entre penumbras,  la luz amarilla de la farola, siempre inoportuna.
Al amanecer y al atardecer la joven  coge a su gato del  escondite,  y se lo lleva a ver el mar. No lo puede tener en casa porque el amigo que vive con ella no es tan caballero como ella dama, y no lo quiere. Ni la quiere.
Asoma sus bigotes  sobre el borde de la cesta en que ella le esconde, y se queda mirando aquella misteriosa y mágica extensión azul, aquel cielo tumbado, mucho más azul que el cielo desteñido de allá arriba.

Esa mañana, Cojito se fija en el otro extremo de la playa blanca e infinita: un perro de  patas muy largas  salta, brinca, ladra, y da vueltas alrededor de un muchacho. Son muy felices, como él.  Cuando llegan los socorristas, antes de lo habitual,  saludan a su dama cortésmente. Ella sonríe; sonríe siempre. Ellos  hacen como que no ven al perro; ni al gato; ni al muchacho. Se instalan  en una torre muy alta, y miran hacia otro lado. Ella se va con su cesta, y su gato escondido, y sus pies descalzos, despacio, dejando una huella liviana en la arena apretada que el agua, en  su ronroneante vaivén, diluye en un segundo.






lunes, 24 de abril de 2017

C'est la vie









Pues resulta que unos jóvenes se fueron a las montañas a buscar el tesoro que habían allí escondido
Y llegaron al lugar exacto
Y allí no estaba
Pero encontraron otro, algo más pequeño...se lo llevaron, refunfuñando...
Y regresaron con su coche nuevo cubierto de polvo
y su pequeño tesoro tirado en los asientos de atrás.

Al día siguiente comieron con el Mago; y éste les explicó el sentido de la vida. 
Y, claro está...no entendieron ni una palabra

Después de fueron de paseo con el Hada. Ella les regaló el sentido de la vida dentro de una una preciosa cajita cerrada, sin decirles lo que era. Y ellos la colocaron después en su casa, en un lugar privilegiado, al lado del pequeño tesoro de las montañas,  porque adoraban al Hada.
Y, por supuesto, sin tener ni idea de lo que había dentro.


C'est la vie.









Esa misma noche la joven pareja planeó ir de nuevo a las montañas...pero por el otro lado. Dejaron al día siguiente suficiente comida para sus gatos libres, y partieron. Esta vez se propusieron dejar de lado los tesoros, y buscar en las montañas el sentido de la vida.


















Y a vosotros....¿Cuál os gusta más?







Al Mago
Al Hada
A las Montañas