Ha llegado: el momento de buscarme. Porque en verano no me encuentro.
El resto del año, tampoco... pero no me importa. Siempre me encontrado "bien" sin encontrarme. Buscándome. Desubicada. Siguiéndome. Asomándome a los acantalidos dónde reposa mi castillo de cristal y musgo, a recibir el viento.
Pero en verano....Sé dónde tengo que ir. Y lo que tengo que hacer. Un fastidio.
Así que, trataré por todos los medios de deshacer el hechizo del sol. De largarme, de esconderme, de desaparecer. De regresar a mi estado natural que es el caos total. Uno perfecto, elaborado con mimo, paciencia y perseverancia durante todos estos años....
A excepción de las dificultades con Collie, todo lo demás
iba perfectamente para Colmillo Blanco. Sabía dominarse, había conseguido
cierto sereno equilibrio en sus actos y conocía a fondo los mandatos de la ley.
Se hizo grave, sosegado y filosóficamente tolerante. No vivía ya en un medio
hostil en el que lo amenazaban constantemente los peligros, la perspectiva de
algún daño o de la muerte. Con el tiempo, lo desconocido, aquel fantasma
terrorífico que anunciaba males inminentes, se había desvanecido. La vida era
ahora cómoda. Se deslizaba suavemente, sin tropezar con escollos. Una cosa
echaba de menos, sin darse cuenta de ello: la nieve. De haber sido capaz de
formular sus ideas, hubiera dicho de aquel clima que era un verano que se
prolongaba más de lo debido; pero lo único que en realidad le faltaba a él
allí, de un modo vago, inconsciente, era la nieve. Durante el calor del verano,
cuando el sol llegaba a molestarlo, sentía cierta vaga nostalgia, cierto
anhelo, de las tierras del norte. No le producía esto, sin embargo, otro efecto
que el ponerlo inquieto, agitado, sin saber lo que le pasaba. Colmillo Blanco
nunca había sido muy comunicativo. Aparte de su costumbre de arrimarse al amo,
apretándose contra su cuerpo, o de poner una nota especial y culminante en un
gruñido, no tenía otro modo de expresar su cariño. Siempre le había
impresionado grandemente la risa de los hombres, que lo enloquecía, lo sacaba
de tino de puro encolerizado; pero cuando el que se reía de él era su amo, que
lo hacía bondadosamente, sin mala intención, solo como un juego, entonces él no
era capaz de enojarse, sino que se quedaba desconcertado, confundido. Por un
lado sentía el aguijón de la rabia, que también conocía; pero por otro sentía
amor. Era un resentimiento que luchaba con el anterior a brazo partido y
refrenaba su ira. Pero algo tenía que hacer él. Al principio optó por
mantenerse muy digno y serio, y el amo se reía aún más entonces. Exageró su
seriedad, y el otro exageró la risa hasta un punto que daba ya al traste con
todo esfuerzo para mantener la gravedad. Entonces se separaron un tanto sus
quijadas, se le encogieron un poco los labios, y una expresión burlona, que
tenía más de cariñosa que de regocijada, apareció en sus ojos. El animal
acababa de aprender a sonreír. De parecido modo aprendió también a juguetear
con su dueño, a dejar que este lo derribara y lo hiciera rodar por el suelo,
convirtiéndolo después en víctima de innumerables bromas. En justa
correspondencia, él se fingía entonces presa de una cólera terrible. Gruñía y,
con los pelos erizados, lanzaba al aire dentelladas que parecían manifestar la
más maligna intención. Pero de ahí no pasó nunca, no olvidando ni por un
momento con quién fingía pelearse. Al fin, cuando más arreciaban los golpes,
los simulados mordiscos y los gruñidos, amo y perro se separaban de pronto y se
quedaban mirando simulando estar indignados y furiosos. Y entonces,
repentinamente también, como si surgiera el sol sobre un mar tempestuoso,
comenzaba la risa de ambos. Al final, el amo le lanzaba los brazos al cuello a
Colmillo Blanco, mientras este entonaba con sus especiales gruñidos lo que para
él era un canto de amor, lo que constituía la felicidad de la nueva era de su
vida. Lo que el amo hacía no se atrevió nunca a realizarlo nadie más. Colmillo
Blanco no se lo hubiera permitido. Si lo intentaba alguien, él se quedaba muy
digno y reservado, y su gruñido amenazador era claro anuncio de que la cosa
iría esta vez de veras. Que él le permitiera a su dueño tales libertades no
significaba que estuviera dispuesto a convertirse en un perro vulgar que ponía
instintivamente su cariño en todos, o que iba a convertirse en una propiedad
común para que con él jugaran y bromeasen. En su corazón no cabían tantos, sino
solo uno, y se negaba en redondo a tal rebajamiento de su dignidad o de su
amor.
"Recuerdo mi juventudy aquel sentimiento que nunca más volverá. El sentimiento de que yo podría durar más que todo, más que el mar, más que la tierra, más que todos los hombres."
Joseph Conrad
Punta Moreiras. O grove (Pontevedra, Galicia) 2017
"Dicen que Gregorio tenía unos ojos verdes preciosos, que tocaba muy bien la armónica moviendo graciosamente el bigote, y recuerdan cuando subía al tejado para arreglar las goteras de la casa y se asomaba por la lucera de la cocina haciéndoles siempre alguna gracia. Afirman que su madre era muy guapa y la recuerdan siempre cantando y dándoles besos tanto al acostarse como al levantarse, y haciendo rosquillas en la cocina con la ayuda de todas ellas"
"Donde se posa el resplandor del sol"
Francisco García Novell
A veces te preguntas cosas extrañas. Como por ejemplo, si alguien se acordará de llevarte unas flores; si quieres que lo hagan. Y a dónde.
A veces estas preguntas te las haces en otoño. A veces, en otoño, sin saber porqué, te acuerdas del mar.
A veces piensas más despacio, mirando solamente como revolotean las hojas amarillas bajo tus pies. Y entonces alguna otra pregunta sin importancia consuela y llena el espacio que dejaron vacío, al fin, los rumores del verano:
Precisamente desde las cumbres que más amo se ve el mar ¿Por qué?
¿Será que se aman también?
¿Será que eran uno, que se necesitan, que se echan de menos?
¿Que se diluye el miedo cuándo unos ojos mercenarios, kamikazes, buscadores de respuestas, los hicieron encontrarse de nuevo?
Al final quien busca siempre, siempre, encuentra. Te propongo un reto entre blogueros: yo te pongo la canción y tu la foto.La musica esta: https://www.youtube.com/watch?v=7k07j7LcLqw
Hola, Flores! Pues aquí tienes la foto...
Yo había pensado hacer una, que creo que te iba a gustar mucho...Pero no he podido, no te digo cuál, lo dejo pendiente por si algún día se me arregla, te gustaría:)
En cambio, me he acordado de un lugar muy, muy especial, unos restos de un antiguo castro zamorano, limitando casi con León, el Castro de Las Labradas. Siempre que puedo, le hago una visita. Los atardeceres allí son espectaculares, es mágico...como magia hacía Gary con sus manos y su guitarra, y nos dejó su legado imprescindible....
Espero que te guste, y que os guste a todos...Un beso!
"Algunas noches no puedo dormir, y entonces escribo un cuento o me subo a un merengue, y grito tu nombre por si pudieras oírlo. Después cuento recuerdos y me duermo abrazada al más cercano. Al día siguiente recurro al método vulgar del teléfono y me siento a esperar. Me quedo colgada de una foto vieja o una carta amarillenta y arrojo el enigma a las estrellas " ¿dónde está?, ¿qué hace? ". Y ellas contestan implacables : " Siempre que eliges pierdes algo".
"UNA FOTO VIEJA"-
, de
"BÁJAME UNA ESTRELLA",
MIRIAM GARCÍA PASCUAL
Si se busca por ahí el significado de Shenandoah, no se encuentra. Es decir, se encuentran muchos....una vieja canción-leyenda india de los nativos de estados unidos, una antigua canción marinera que los mineros adoptaron después en sus montañas....Un lugar que se añora, un amor que se anhela, una plegaria, un lamento.
Por eso me gusta tanto. Porque no quiere decir nada y lo dice todo. En ningún sitio, y todos los que quieras. No puedes encontrarla, solo sentirla y cantarla.
Como no puedes conocer el mar, que se abre ante los ojos para esconderse. Ni conquistar la cumbre, de la que te echa el viento que te ha llamado.
Sólo se puede caminar por la orilla, pensando en dónde pueda estar eso que buscamos constantemente, sin descanso, entornando los ojos en la niebla. Y sólo aparece un momento cuando nos sentamos abatidos, derrotados, en la arena, y surge de pronto esa luz al fondo entre el rugido desafiante de sus olas y el rumor apaciguado de su espuma, que nos quedamos mirando ir y volver, y volver a irse . Ahí ganamos: es dónde está y ha estado siempre.
La canción ha sido versionada y cantada cientos de veces, incluso por mi fetiche Van Morrison, o por la voz ronca y tremenda de Tom Waits, o por el incomparable Pete Seeger, que no necesita comentarios...todas extraordinarias. Pero hoy me quedo con esta, porque cómo dijo Miriam en su hermoso diario, hace tiempo ya... y mucho mejor que yo...siempre que eliges, pierdes algo.